Capítulo
1
- ¿No es un día
maravilloso? - pregunta mamá, entrando en mi habitación - ¿No lo crees? - abre
las cortinas, hago una mueca de disgusto - ¿No te gustaría ir al parque…? - no
me apetece oír nada de lo que dice, prefiero seguir jugando en mi Súper
Nintendo ¡Ya voy a la mitad de Súper Mario! – Daniel… - paso el nivel – Daniel…
- salto, mi mamá avanza hacia mí - ¡Daniel!
- ¡Ey!
Grito, fulminándola con la mirada, ha desconectado mi
consola.
- Vamos al parque
Me mira con severidad, voy a tener que obedecer.
- No quiero…
Me cruzo de brazos.
- Los niños deben
de jugar
- Estaba jugando…
Mi madre me mira, suelto un suspiro.
- Con otros
niños…
- Pídele a Harry
que juegue conmigo…
- Tu hermano
quiere ir al parque…
- Pues vayan
juntos y yo me quedo…
Sonrío.
- No dejaré a mi
hijo de cuatro años, solo en casa – mamá me mira – No voy a discutir con un
niño de cuatro años…
- ¡Ey! – mamá me
toma del brazo - ¡Exijo mis derechos! ¡Mi madre me maltrata!
- Ya basta
Daniel… - mamá comienza a reír – Debes dejar de ver tanta televisión… o ver
algo apropiado para tu edad…
- Mamá… - la
miro, me coloca bloqueador solar en la cara – En serio no quiero ir, el parque
es aburrido y sucio…
- ¿A sí…?
- ¡Sí! – aseguro
– Hay arena por todas partes, suciedad de paloma y niños comiendo mocos… ¡¿Me
quieres exponer a eso?!
- Sí
Ella sonríe, ruedo los ojos. Mi mamá es manipulable la
mayor parte del tiempo, pero creo que está aprendiendo a combatirme, tendré que
buscar otra forma de salirme con la mía. En fin… supongo que es lo que consigo
por solo ser un niño, no tengo voz ni voto en esta casa. Harry toma su
bicicleta y la monta, quedando a una distancia prudencial de nosotros. Él es el
hijo bueno, es el mayor y debe serlo, obedece todo lo que mis padres dicen. Yo
también soy desobediente, solo que me gusta más que ellos hagan lo que yo
quiero, al fin y al cabo, soy el menor y técnicamente me deberían de venerar.
- Me pregunto si
Laura estará en casa…
Pregunta mamá, viendo hacia la casa de alado. Nuestra
nueva vecina es abogada, es una mujer que usa traje y tacones muy altos. Se
mudó ayer, llegó junto a un camión de mudanza y un piano blanco, me gusta mucho
ese piano blanco. Creo que mi mamá ya la conocía, pues cuando se vieron
actuaron como si se hubiesen reencontrado después de décadas. Mamá es ama de
casa, papá trabaja. Mamá no hace mucho en el día así que le cae a pelo tener a
una amiga.
El parque no está muy lejos, está a pocas cuadras,
realmente no quiero ir, pero de nuevo, solo soy un niño y mi opinión no importa
mucho. Yo detesto salir de casa, no estoy cómodo y la ropa se me llena de
tierra. La última vez que pisé la zona de juegos del parque, terminé con una
rodilla raspada y un chinchón en la frente ¡Y mucha tierra en el cabello!
Definitivamente no es mi lugar preferido. Prefiero la comodidad de mi casa, con
aire acondicionado, sin sol que queme mi piel y el Nintendo de Harry. Se lo
regalaron en Navidad y nunca lo usa, prefiere ir al coro de la iglesia y esas
cosas, así que el que juega con él soy yo… quien recibió un Power Ranger
inservible.
- ¡Llegamos!
Anuncia mamá.
- Voy a dar una
vuelta
Dice Harry, alejándose con rapidez.
- ¡No te alejes
mucho!
Pide mamá, soltándome la mano.
- ¿Podemos ya
irnos?
Pregunto, viendo a los niños alrededor de una
construcción de madera con puentes y toboganes.
- Daniel, solo
intenta jugar…
Pide mamá, aplicando más protector solar en mi cara.
- Eso hacía,
mujer – mamá me mira con una ceja alzada – Lo siento…
- Se niño bueno y
ve a jugar…
Ordena mamá con una sonrisa.
- Ya qué…
Suelto un suspiro, estoy condenado por los próximos once
años a no tener voto. Miro el terreno de arena donde los niños juegan, hago una
mueca. Definitivamente no es el mejor lugar del mundo, pero complacer a mi
madre significa más horas en el Nintendo y menos rompecabezas de gatitos.
Entro en el arenero, mi cuerpo se hunde un poco. Caminar
por la arena es lo más incómodo del mundo, eres lento y te ensucias. Llego a la
construcción de madera, es un castillo de tres pisos con resbaladeras en cada
uno. Algunos niños se suben en él por las distintas escaleras, otros saltan en
los puentes colgantes, muchos se cuelgan de las sogas y algunos pocos solo
están en los columpios de la primera planta. Al mal tiempo buena cara. Comienzo
a subir por la escalera, la madera se siente dura y áspera al tacto. Cruzo un
puente, esquivando a varios niños gritones, y llego a uno de los toboganes, me
siento y me dejo caer. Mis zapatillas chocan con la arena, ha sido divertido,
pero no lo suficiente. Vuelvo a subir por la misma escalera, los mismos niños
siguen arremolinados gritando y riendo, creo que muchos ya se conocen, quizá
van a la misma escuela. Los vuelvo a esquivar, llego de nuevo al tobogán y me
deslizo, esta vez caigo sobre mis rodillas. Me limpio la ropa y vuelvo a subir,
al menos es un buen ejercicio. Miro de nuevo el puente donde los niños están
apretados, suelto un suspiro, ya no me apetece lanzarme por ese tobogán por
tercera vez consecutiva. Miro la otra escalinata, solo niños más grandes suben
ahí, supongo que ya es muy alto como para un niño de mi edad ¡Pamplinas! Me
agarro con fuerza de la escalera y comienzo a trepar, es un gran paso para la
comunidad infantil. Llego a la cima, desde aquí veo gran parte del parque. Mi
madre está sentada junto a una mujer de vestido anaranjado, mi hermano está
dando vueltas por los alrededores, y el resto de niños siguen riendo y
gritando.
- Niño… - me
giro, es un niño un poco más alto que yo - ¿Te vas a lanzar o qué?
- Pasa tú… - me
giro de nuevo al barandal, la vista es bonita – No quiero lanzarme aún…
- Miedoso…
Se burla el niño.
- No lo soy…
Me giro a verle, él también me está mirando.
- Entonces
lánzate
- No lo haré, no
debo de sucumbir a la presión social…
- ¿Qué…?
El niño me mira confundido.
- Olvídalo… eres
solo un niño común… - me vuelvo a girar - ¡Ey!
No tengo tiempo de
decir nada más, el niño me ha tomado del brazo y me ha empujado hacia la
resbaladera. Mi mentón fricciona el metal, mis manos están muy sudadas como
para sostenerme, cierro los ojos, no dolerá… caeré sobre la arena… no dolerá…
- ¡Ay!
Dolió.
- Au…
Abro los ojos, he chocado con algo duro.
- Au…
Dice una voz debajo de mí… es una niña. Me levanto, ella
hace lo mismo. Tiene el cabello negro y lleva un broche con un muñeco de conejo
sobre la cabeza. Usa en vestido rosa con conejos y zapatos rosados con más
conejos. Miro su rostro, ella hace un puchero… ¡Oh no…!
- No te pongas a llorar
Ordeno, girando los ojos, ella me mira. Lo que más odio
de las niñas es lo lloronas que son ¡Son desesperantes! La niña conejo frunce
el entrecejo e infla las mejillas… se enojó…
- Yo no iba a
llorar…
Intento no reírme, se ve chistosa con esa expresión. Me
mira fijamente, le sostengo la mirada presionando los labios para no reír. Ella
sonríe…
- Pareces un conejo… - suelto, dejando escapar al fin las
carcajadas, ella de nuevo infla las mejillas – Lo siento, pero es que te ves
ridícula…
- ¡Esmeralda! –
grita de pronto - ¡Este niño está siendo malo conmigo!
Sigo riendo, esta niña parece un peluche andante, una
bolita rosada con orejas de conejo. Me limpio una lágrima falsa, la niña conejo
me mira ceñuda con las mejillas infladas y los brazos cruzados. Al menos podré
decir que he tenido un buen momento en este horrible parque…
- ¡¿Qué pasó?!
Grita una voz chillona, haciendo que mi cuerpo se escarapele.
Una chica de cabello largo y negro con un enorme lazo en la cabeza, aparece.
Toma a la niña conejo de los hombros y la mira de arriba abajo, quizá buscando
algún daño. Ruedo los ojos, esta debía de ser su hermana mayor o algo así,
adiós a mi momento de diversión y hola a un posible regaño de parte de una
extraña.
- Este niño dice
que soy un conejo y me veo ridi-cola
- ¡Ey! – la recién llegada me mira de forma severa -
¡¿Por qué tratas mal a mi hermana menor?!
- ¡Esmeralda! – volteo, ahí viene mi hermano - ¿Daniel?
- ¿La conoces?
Miro a mi hermano, es tan raro que él le hable a una
niña.
- ¿Conoces a este
niño?
Pregunta la niña del lazo.
- Sí… - Harry me
mira – Es mi hermano menor…
- Pues él está tratando mal a Minerva
Acusa la chica.
- ¿Por qué estás tratando mal a Minerva?
Miro a la niña conejo y suelto un bufido ¡Todo esto por
una niña de color rosado!
- Yo no la traté mal – miro a la niña conejo, ella se
esconde detrás de su hermana – Me caí encima de ella por accidente, estaba
deslizándome por el tobogán…
- Entonces fue un accidente…
Asiento ante las palabras de mi hermano.
- Pero…
Volteo a ver a la niña.
- ¿Qué pasa Minerva?
Pregunta la niña del lazo, quedando a la altura de su
hermano menor.
- Él no me pidió disculpas…
Miro a la niña y ruedo los ojos ¡¿Es en serio?! ¡Por el
Dios de Harry! ¡Qué niña tan irritante!
- Daniel…
Miro a mi hermano. Él no estará esperando a que yo… ¿O
sí? ¡No! ¡No lo voy a hacer! ¡Ni que lo hubiese hecho apropósito! Miro de nuevo
a mi hermano, Harry me mira fijamente, espera que yo diga algo. Esmeralda me
mira como si quisiera matarme o algo más cruel, y la niña conejo me mira de
forma extraña…
- Lo siento…
Suelto, la niña sonríe.
- Bueno, eso fue todo – dice Harry, sonriendo – Todos
amigos
- Bueno… - la niña del lazo me mira de forma amenazadora
– Minnie, quédate aquí – le ordena a la niña conejo y esta asiente – Harry,
cómprame un helado – la niña toma la mano de mi hermano y tira de él – Quiero
de vainilla…
¿Pero qué diantres acaba de pasar? Primero caigo sobre
una niña conejo, luego una niña de lazo, que aparentemente cazó a mi hermano,
me regaña innecesariamente ¡¿Qué más puede pasar?! Miro hacia un lado… la niña
conejo está a mi lado… abrazando mi brazo izquierdo…
- ¿No quieres ir
donde tu hermana?
Pregunto, intentando zafar mi brazo. Ella niega con la
cabeza, sonriendo de oreja a oreja ¡¿Y ahora cómo me deshago de esta niña?!
Miro a todos lados, mi madre está distraída con la mujer del vestido anaranjado
¡¿Cómo me deshago de esta niña?! Intento caminar, la niña no me suelta ¡Rayos!
- ¡Vamos a los
columpios!
Pide la niña conejo, tirando de mi brazo.
- No quiero – por
fin logro recuperar mi extremidad – Quiero ir al tobogán
- Está bien…
La niña sonríe, me alejo a toda velocidad hacia la
escalera ¡Por eso no quería venir al parque! Encuentras a cada loco ¡Extraño mi
Nintendo! Llego a la cima de la torre más alta, respiro hondo, no creo que la
niña me haya seguido. Me siento en el tobogán… un par de brazos rodean mi
cuerpo… me giro… ¡Es la niña conejo!
- ¡Ah!
Mi cuerpo se desliza con rapidez, ella no me suelta.
Caigo sobre la arena, la niña cae sobre mi espalda, está riendo y aplaudiendo
como tonta. La empujo y me levanto, sacudiendo mi ropa y mi cabello, ella sigue
riendo ¡Parece un bebé rosado!
- ¡Hagámoslo de nuevo!
Pide, quitándose la arena de encima.
- ¡No!
Ella sigue sonriendo.
- Por favor…
- No…
Me mira fijamente sin borrar su sonrisa.
- Por favor…
Junta sus manos y comienza a agitar las pestañas.
- N… ¡No!
Retrocedo un paso.
- ¡Por favor!
- ¡Está bien!
Grito, cerrando los ojos ¡Dios! ¡Duele! ¡Es una mirada
que quema! La niña conejo vuelve a aplaudir ¡Me ha manipulado! Toma mi brazo
izquierdo y tira de mí hacia la escalera. Esto va a ser una tortura…
Tres vueltas más, con mucha arena de por medio, al fin la
niña se ha cansado ¡Gracias Dios! Ella aún no me suelta, parece estar pegada a
mi brazo izquierdo ¡No lo quiere soltar! ¡Es mi brazo! ¡Mío! Caminamos hacia
los columpios, ambos estamos cansados…
- ¿Me empujas?
Pregunta, sonriendo de nuevo.
- No – me subo en
mi columpio – Hazlo tú sola, ya eres grande…
- Tengo cuato, mi hermana dice que soy pequeña…
- Pues no lo
eres…
- Por favor… -
hace un puchero - ¿Me empujas?
- ¡No!
Comienzo a columpiarme.
- ¿Me empujas?
Repite, agitando las pestañas y haciendo más grande su
puchero.
- ¡Que no!
- ¡Malo!
La niña frunce el entrecejo e infla las mejillas,
cruzándose de brazos ¡No! Me detengo ¡¿Qué rayos estoy haciendo?! Me voy a
matar por esto…
- Está bien…
Bajo del columpio y comienzo a empujarla.
- ¡Sí!
Grita ella, elevándose.
- No grites… -
ruedo los ojos – Niñas…
- ¡Más alto!
- No puedo… - la
empujo – Pesas…
- ¡Más alto!
- Dios… que
insoportable…
- ¡Más alto!
- Ya me cansé… -
subo a mi propio columpio – Solo mueve las piernas…
- ¿A sí?
Me mira.
- Sí
Ella sonríe, hago lo mismo… esto es divertido.
- ¡Sí!
- ¡Wiii!
Ambos comenzamos a gritar.
- ¡A la cuenta de
tres!
Grita, asiento.
- ¡Uno!
- ¡Dos!
- ¡Tres!
Gritamos al unísono, lanzándonos de los columpios y
cayendo en la arena. Comienzo a reír a carcajadas, ella también lo hace. Nos
levantamos tambaleantes, ella de nuevo toma mi brazo izquierdo, volvemos a
caer, seguimos riendo. Gateamos hasta la orilla del arenero ¡Ya ni siquiera me
importa estar ensuciándome! De nuevo intentamos levantarnos, esta vez lo
logramos. Ella sigue sonriéndome, se abraza a mi brazo izquierdo y juntos
salimos del arenero.
- ¡Dany! – mi
mamá me mira, está sonriente – Estás sucio…
- Sí… - miro mi
ropa – Luego lavas…
- Lo hará la
lavadora y tú colocarás la ropa…
Asiento.
- De acuerdo…
- ¿Y quién es tu
amiguita?
Mamá mira a la niña conejo, esta solo sonríe.
- Ella es Conejo
– contesto, agitando un poco mi brazo – Saluda…
- Hola…
Mamá sonríe aún más.
- ¡Minnie, ya
vámonos…!
Llama una voz, es la niña del lazo.
- ¡Mamá! - la
niña conejo me suelta – Adiós Dany…
- ¡Minnie!
Grita la niña del lazo.
- ¿Te veré
mañana?
Pregunta la niña conejo.
- No lo sé… - la
miro, ella de nuevo hace un puchero – Quizá esta sea la última vez que nos
veamos, falta una eternidad para mañana… ¡Como diez horas!
- ¡Es mucho! – la
niña abre mucho los ojos – No quiero que me olvides…
- No lo haré…
- Entonces nos
veremos mañana
- Lo prometo
Ambos sonreímos.
- Adiós Dany…
- Adiós Conejo…
- Minerva – me
corrige, soltando una risita – Me llamo Minerva
- Minnie…
- ¡Minnie!
Grita su hermana, caminando hacia nosotros.
- ¡No me olvides!
Grita la niña conejo, corriendo hacia su hermana.
- ¡No lo haré!
